lunes, septiembre 10, 2007
II Versión Feria Dominicana del Libro NY
Celebrarán II Versión Feria Dominicana del Libro en NY
Yvonne Francisco - 9/9/2007
Muestra. Vista parcial de los asistentes a la Primera Feria del Libro Dominicano en Nueva York, celebrada en octubre pasado en la gran urbe.
SANTO DOMINGO.- La ciudad de Nueva York se ha convertido en una meca para el desarrollo de la cultura dominicana. En el 2006, la diáspora festejó por todo lo alto su Primera Feria del Libro Dominicano en Nueva York, la cual unió a un público ávido de un punto de conexión con su país de origen.
La aceptación de esta muestra sobrepasó las expectativas de sus organizadores, de acuerdo al presidente del Comisionado Dominicano de Cultura en Nueva York, el escritor Franklin Gutiérrez, ellos se prepararon para recibir unas mil o dos mil personas, sin embargo asistieron cerca de nueve mil.
Ya están listos los preparativos para la segunda muestra de este evento cultural dominicano. Al igual que el año pasado, los escritores dominicanos de la diáspora están apoyando grandemente la Feria, han sido muy solidarios, y en esta segunda versión ellos serán parte vital de su programa de conferencias, presentaciones de libros, coloquios y lecturas de textos creativos, de acuerdo a sus organizadores.
El eventoEn esta actividad, además del área de exhibición del libro dominicano, contará con varios atractivos para el público asistente, entre estos habrá importantes disertaciones a cargo de escritores tales como José Marmol, quien expondrá sobre la “Poesía y pensamiento: la propuesta de la poética del pensar”; el panel “Estado actual de la literatura dominicana de la diáspora”, a cargo de Abersio Núñez, Héctor Miolán y Esteban Torres, entre otros, así como también habrá lecturas de textos poéticos y narrativos.
Serán publicadas las obras: “El lago de la erótica”, de Carlos Rodríguez; “El sapito azul/ The little blue frog”, de César Sánchez Beras; “Voces de la inmigración: Historias y testimonios de mujeres inmigrantes dominicanas”, de Mary Gratereaux; “Rebeca al bate y dos cuentos más”, de Dinorah Coronado; “Mi corazón tiembla en la sombra”, de Ligia Minaya; “Encuadre de una identidad audiovisual, de Felix Manuel Lora”.
Además, “La piel acosada”, de Avelino Stanley; “El inapelable designio de Dios”, de Emilia Pereyra; “Tribus de hielo”, de Rafael Menoscal Reynoso; “La vida es otra cosa”, de Jeannette Miller, y “Hija de Camila”, de Daisy Cocco De Filippis, entre otras. Muchas novedades caracterizarán este evento cultural del libro dominicano. Este año tendrá nuevas áreas abierta donde se expondrán elementos representativos del folklore, la artesanía quisqueyanas y la gastronomía.
Niveles de lectura en NY A propósito de este evento, abordamos al Presidente del Comisionado de Cultura en Nueva York sobre los niveles de lectura que exhiben los dominicanos en los Estados Unidos de acuerdo a su experiencia, a lo que dijo que es injusto evaluar el nivel de lectura de la comunidad dominicana neoyorquina, sin hacer lo mismo con otras comunidades radicadas en esta urbe. Su consideración es rigurosa, ya que asegura que nadie ignora que los niveles de lectura y de escritura han descendido considerablemente en casi todo el planeta tierra. “La eliminación de materias como filosofía, lógica y moral y cívica de los programas escolares medios y secundarios, e incluso universitarios, ha afectado considerablemente el nivel de análisis y la calidad del pensamiento crítico de la humanidad”.
Editoras y libreríasDel país participarán, Ediciones Ferilibro, Editora Nacional, Ediciones de la Secretaría de Estado de Cultura, Librería La Trinitaria, Editora Manatí, Editora Taller, Editora de Colores, Centro de Estudios Juan Montalvo, Colectivo de Autores Dominicanos, Editora Ángeles de Fierro, Efemérides Patrias, Academia Dominicana de la Historia, Educarte, Norma, Editora Santillana, Editora Isla Negra, Fundación Juan Bosch, y la Fundación Global. Y de Estados Unidos: Librería Caliope, Librería Continental, entre otras.
Este evento, que es parte del legado cultural que dejará la presente gestión del Comisionado a la diáspora dominicana estadounidense, será celebrado durante los días 5, 6 y 7 de octubre, en el Mirabal Sisters School Campus, localizado en el 21 Jumel Place y la calle 168, en Manhattan.
COMISIONADO Y LA CULTURA DOMINICANA EN NYAl ser cuestionado por su gestión al frente del Comisionado, Gutiérrez dijo que aunque no es la persona más idónea para evaluarla, se siente bastante satisfecho de la misma porque “con el apoyo solidario del equipo que me acompaña, he podido desarrollar todas las acciones programadas en los tres años que llevamos funcionando.Hemos tenido la oportunidad de servir a diferentes corrientes del pensamiento social y cultural dominicano neoyorquino, distanciándonos del sectarismo político que tanto afecta el desarrollo lógico de la cultura. Nuestra meta inmediata es trasladarnos a otros puntos geográficos de los Estados Unidos para continuar apoyando y difundiendo la cultura quisqueyana”.
Las Escrituras de Néstor E. Rodríguez

Lunes 10 de Septiembre del 2007, actualizado 12:52 AM
LITERATURA
Las Escrituras de Néstor E. Rodríguez
- 9/8/2007
SANTO DOMINGO.- Escrituras de desencuentro en la República Dominicana viene a llenar un vacío en la crítica literaria dominicana al tomar como tema las producciones culturales que no se ajustan al discurso nacionalista dominicano tradicional. Publicado en el 2005 por Siglo XX1 de México, ganador del Premio al Pensamiento Caribeño el año anterior, ahora recibe una edición dominicana a cargo de la Editora Nacional.
Rodríguez empieza su investigación trazando una línea ideológica que arranca con Manuel de Js. Galván y que llega hasta nuestros días con la figura de Manuel Núñez, pero que, como bien señala el autor, encuentra en Joaquín Balaguer “una suerte de fulcro en el cual se condensa un modelo dominante de lo nacional”.
Otra figura importante es Manuel Arturo Peña Batlle, quien propone “un nuevo origen nacional, un grado cero político, que sin embargo, carga con la narrativa de la nación articulada en la centuria precedente” (40). Ese grado cero político es lo que Rodríguez denomina como “la ciudad trujillista”, en una lectura acertada del aparato teórico propuesto por Ángel Rama en La ciudad letrada.
La ciudad trujillista cuenta con Balaguer y Peña Batlle como sus arcontes principales, los custodios de un archivo que va a producir una ideología dominicanista anclada en el antihaitianismo y la hispanofilia. Frente a este discurso surgen, en la ciudad trujillista, unos márgenes a los que Rodríguez se acerca con una sagaz mirada crítica.
La figura de Aída Cartagena Portalatín emerge como la principal escritora de estos márgenes y esto así debido a que “ubica en primer plano la discusión en torno del lugar de la subjetividad femenina en el esquema social de la época…reafirma la capacidad del individuo para evadir desde la letra la “homo-hegemonía” característica de la ciudad trujillista”.
LITERATURA
Las Escrituras de Néstor E. Rodríguez
- 9/8/2007
SANTO DOMINGO.- Escrituras de desencuentro en la República Dominicana viene a llenar un vacío en la crítica literaria dominicana al tomar como tema las producciones culturales que no se ajustan al discurso nacionalista dominicano tradicional. Publicado en el 2005 por Siglo XX1 de México, ganador del Premio al Pensamiento Caribeño el año anterior, ahora recibe una edición dominicana a cargo de la Editora Nacional.
Rodríguez empieza su investigación trazando una línea ideológica que arranca con Manuel de Js. Galván y que llega hasta nuestros días con la figura de Manuel Núñez, pero que, como bien señala el autor, encuentra en Joaquín Balaguer “una suerte de fulcro en el cual se condensa un modelo dominante de lo nacional”.
Otra figura importante es Manuel Arturo Peña Batlle, quien propone “un nuevo origen nacional, un grado cero político, que sin embargo, carga con la narrativa de la nación articulada en la centuria precedente” (40). Ese grado cero político es lo que Rodríguez denomina como “la ciudad trujillista”, en una lectura acertada del aparato teórico propuesto por Ángel Rama en La ciudad letrada.
La ciudad trujillista cuenta con Balaguer y Peña Batlle como sus arcontes principales, los custodios de un archivo que va a producir una ideología dominicanista anclada en el antihaitianismo y la hispanofilia. Frente a este discurso surgen, en la ciudad trujillista, unos márgenes a los que Rodríguez se acerca con una sagaz mirada crítica.
La figura de Aída Cartagena Portalatín emerge como la principal escritora de estos márgenes y esto así debido a que “ubica en primer plano la discusión en torno del lugar de la subjetividad femenina en el esquema social de la época…reafirma la capacidad del individuo para evadir desde la letra la “homo-hegemonía” característica de la ciudad trujillista”.
jueves, agosto 30, 2007
Cantos de Ambar de Dagoberto Lopez

La Editora Nacional acaba de publicar en su colección Ultramar, una edición bilingue del libro Cantos de ámbar (Songs of amber) de Dagoberto López, con la colaboración del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, Dr. Franklin Gutiérrez. La traducción al inglés es de María Piñeiro.
En este poemario quedan plasmados todos los aspectos necesarios para convertir personas abastractas en seres sociales con una historia, un sentir, una esperanza, un porvenir que los hace vivir más allá de la cartografía lírico-épica de la poética que les ha dado vida literaria.
La socio-poética de los personajes, los sujetos que construyen la historia del ámbar, desde las entrañas de la tierra, nos lo enuncia con belleza y sentir emocional. Podemos palpar la trayectoria de un pueblo, plasmado en las acciones del sujeto, que al dar vida al ámbar, al mismo tiempo va edificando su morir.
viernes, febrero 02, 2007
Cultura dona libros en Provincia Espaillat
La Secretaría de Estado de Cultura y la Editora Nacional, en el desarrollo de su programa “Abonando bibliotecas”, y en el marco de las actividades programadas para este “Año del Libro y la Lectura”, en coordinación con la Dirección General del Libro y la Lectura y el Director de Cultura de la Provincia Espaillat, realizó el pasado jueves 18 de enero, una jornada de donaciones a distintas instituciones educativas y culturales.
Con un acto celebrado en uno de los salones de la Gobernación Provincial y en presencia del Señor Gobernador, Anibal Camacho; Basilio Belliard, de la Dirección General del Libro y la Lectura; Eugenio Camacho, Director Provincial de Cultura y Noé Zayas y Juan B. Holguín de la Editora Nacional, fueron favorecidas con la entrega de la colección completa de los libros de la Editora Nacional: la Biblioteca Municipal Gabriel Morillo, la cual estuvo representada por el señor José Esteban Martínez Hernández; la escuela básica Miguel A. Brache, representada por Vidal Burgos.
Otra de las instituciones participantes en el acto de entrega de libros y que recibieron donación de los mismos fue la Biblioteca del Colegio Porfirio Morales, en manos de Consuelo Ureña; también la Biblioteca de Villa Trina, recibiendo la donación Clara Bencosme.
También el taller literario Aída Cartagena Portalatín, representado por Yadira Rosario; la Biblioteca de Las Lagunas, representada por Silverio González Camacho.
Además de estas instituciones, recibieron los libros de la Editora Nacional, el programa radial “De Par en Par”, el cual a su vez los donará a sus oyentes. Los intelectuales de la sociedad mocana y el país, licenciados Rafael Castillo y Pedro Pompeyo Rosario, recibieron los últimos números editados por esta institución de cultura.
Con un acto celebrado en uno de los salones de la Gobernación Provincial y en presencia del Señor Gobernador, Anibal Camacho; Basilio Belliard, de la Dirección General del Libro y la Lectura; Eugenio Camacho, Director Provincial de Cultura y Noé Zayas y Juan B. Holguín de la Editora Nacional, fueron favorecidas con la entrega de la colección completa de los libros de la Editora Nacional: la Biblioteca Municipal Gabriel Morillo, la cual estuvo representada por el señor José Esteban Martínez Hernández; la escuela básica Miguel A. Brache, representada por Vidal Burgos.
Otra de las instituciones participantes en el acto de entrega de libros y que recibieron donación de los mismos fue la Biblioteca del Colegio Porfirio Morales, en manos de Consuelo Ureña; también la Biblioteca de Villa Trina, recibiendo la donación Clara Bencosme.
También el taller literario Aída Cartagena Portalatín, representado por Yadira Rosario; la Biblioteca de Las Lagunas, representada por Silverio González Camacho.
Además de estas instituciones, recibieron los libros de la Editora Nacional, el programa radial “De Par en Par”, el cual a su vez los donará a sus oyentes. Los intelectuales de la sociedad mocana y el país, licenciados Rafael Castillo y Pedro Pompeyo Rosario, recibieron los últimos números editados por esta institución de cultura.
domingo, septiembre 03, 2006
entrevista al director
ENTREVISTA A LEON FELIX BATISTA
Periódico Hoy, agosto 26 2006
Infinitos problemas del escritor dominicano 10:53 PM
POR LEÓN DAVID
¿Qué puedes decirme de la labor que llevas a cabo al frente de la Editora Nacional?
Desde el principio vimos que la Editora precisaba de un sismo radical en sus conceptos editoriales y de proyección hacia el lector, por eso arrancamos con la creación de nuevas colecciones, en rediseño completo de sus formatos y logos, de manera que esto nos permitiera que las publicaciones se concentren en los sectores que las precisen (jóvenes inéditos, talleres literarios, etc.) o que se dirigieran, en su defecto, hacia el cumplimiento de necesidades editoriales de nuestra cultura literaria y pensamiento, como reediciones de textos inhallables o la impresión de clásicos para venta a precios populares.
En ese sentido, ya editamos 15 libros en las colecciones, 19 en coediciones, y 6 están en imprenta. Vamos también camino a convertirnos, paso a paso, en la maquinaria editorial de todas las instancias de Cultura, al menos en el aspecto de la diagramación, composición y diseño de impresos y como muestra está la revista de la Secretaría de Cultura, “País Cultural”, circulando desde junio.
Hay, además, una serie de programas al margen que se están implementando. Por ejemplo, para el futuro próximo pretendemos organizar un congreso o conversatorios con editoras independientes del país, de manera que podamos conocer cuáles son sus necesidades y contribuir a que las podamos superar juntos. También diseñamos y diagramamos gratuitamente los boletines y revistas de cualquier taller literario que nos lo solicite. Así mismo, montamos programas de donaciones constantes a las bibliotecas públicas de toda la nación (incluyendo las de las cárceles), bajo los criterios del Plan Nacional de Lectura y en conjunto con la Dirección General del Libro y la Lectura.
¿Cuáles son los problemas que enfrenta el escritor dominicano para publicar y difundir sus libros?
Infinitos problemas, de las índoles más dispares. Ha corrido ya bastante tinta sobre la ausencia de casas editoras en nuestro suelo, y la corriente de tinta continúa fluyendo pese a que ya se han instalado algunos de estos monstruos aquí. ¿Por qué? Puede que porque aún dan sus primeros pasos y precisan afianzarse, lo cual toma tiempo. Puede que sea porque los autores no se conforman con ver sus nombres en un sello de prestigio internacional si comoquiera el libro no trasciende nuestras fronteras. Puede que sea porque la tendencia está concentrada en la narrativa (que es la reina del mercado) y vivimos en un país de poetas. ¡Qué sé yo! En cuanto a la distribución, pues tinta del mismo río. A veces nuestros escritores encuentran la panacea de los concursos literarios y así resuelven la primera fase: se imprime el libro. Pero viene el derrumbe de la distribución del mismo, porque se queda en los almacenes. Yo he sido una víctima constante de esta situación: cuatro de mis cinco libros de poesía han recibido premios y por eso soy una especie de fantasma, no estoy en ninguna librería. Me consuela pensar que soy por ello un autor de culto, pero la verdad es que soy un autor oculto. Y, como editor, constantemente lucho para cambiar esta realidad de los problemas del eje publicación-distribución.
Eres poeta…¿qué significa para ti la poesía?
Esa es LA PREGUNTA, en mayúsculas, porque fíjate que a lo largo de mi corta trayectoria de escritura no he pensado igual sobre el fenómeno día sobre otro. Exilios, amores, lecturas, crisis existenciales y hasta alteraciones de salud sacuden mi criterio de vez en cuando. Te puedo repetir algunas cosas que ya he dicho. Por ejemplo, que no puedo asegurar que lo que escribo sean “poemas”, si la referencia es al hecho cerrado, al constructo nucleado a que remite este concepto en ciertas preceptivas. Prefiero identificar la noción de poiesis más allá de las márgenes que permite un “poema”, pues descreo de él como objeto prosódico cerrado: existe el texto (y punto) y mi proyecto es construirlo como calidoscopio: de los entrecruzamientos de géneros a las alusiones y enunciados de la realidad en bruto, de las letras puras a las mazmorras de la autobiografía. Ni fondos ni formas sacros. Absoluta heterodoxia. Además, mi verdadero interés no está en escribir “poemarios”, pretensión apabullante, sino mosaicos de canciones, listados de posibles posturas sexuales, catálogos de ropa íntima, bestiarios personales, folletos propedéuticos, etc. La poesía viene en todas las envolturas, sólo intento destaparla.
“El otro” (que en el caso del artista es el crítico), no sabe qué decir y ha escrito indistintamente que soy hermético, ochentista, difícil, simplísimo, complejo, descriptivo, oscuro…neobarroco, que es lo que más se dice. ¿Estoy de acuerdo? ¿Importa que lo esté? No sé si encajo en la Generación 80, pese a que publiqué mi primer libro en esa época y sudé poesía en el Taller Literario César Vallejo, porque no me interesan sus preceptos estéticos ni sus grandes temas. Tampoco sé si mi escritura es neobarroca o no, nunca la he concebido como tal, pero creo entender que, precisamente, si algo no es lo neobarroco es canon, del que aquel se escabulle por el núcleo de su definición, y de ahí su seducción y virtud de camuflaje. Lo barroco es un impulso, corriente linfática fácilmente registrable a lo largo de la historia del arte, de la historia del Hombre. Fue Sarduy quien propuso con claridad un “momento neobarroco”, que se propaga hoy por toda la América de lengua lusa y española, y que fue más afincado aún por Haroldo de Campos en su ensayo O secuestro do barroco na formaçao da literatura brasileira. Cuando luego Néstor Perlongher lo bautiza “neobarroso” pretendía, indudablemente, ir más allá de la referencia al barro de los fondos del Río de la Plata, y también quiso decir neoresbaloso: la elusividad, inasibilidad, pero a la vez submarinismo, una pesca de alta mar que se realiza con las redes de la intertextualidad y la interespacialidad, con anécdota y coloquialismo, descripción y referencia, polifonías y paronomasias. Su abanico es tan amplio que involucra a poetas como el uruguayo Eduardo Espina quien, más que neobarroco, se autoproclama “neorococó”.
El neobarroco es un momentum que está produciendo la escritura más significativa en este hemisferio. Y si me incluyen en sus antologías, editoriales y revistas, pues ¡let it be!
¿Qué opinas de la literatura dominicana contemporánea?
Está bastante sana, creo, especialmente su poesía. Aunque no son tantos los nombres importantes como permanentemente infla la farándula local, sino que tal salud hay que adjudicársela más bien a movimientos, tendencias, olas, magnetismos. Tenemos la dicha de contar con un cuadrilátero masivo, en el que contienden varias generaciones a la vez: cuarentiochistas, sesentistas, ochentistas, etc., en poesía. Los narradores, por su lado, manejan su oficio cada vez mejor, y están siendo premiados, difundidos, estudiados. La dramaturgia y la literatura infantil crecen y, poca gente se da cuenta, pero en otra faceta de escritura (ya no ficcional), en el ensayo, en la exposición de ideas, se multiplican los exponentes de gran categoría y lucidez. Tenemos hasta escritores en otras lenguas, siempre y cuando uno considere escritores dominicanos a Julia Alvarez, Junot Díaz, etc.
Y ¿cuáles son, a tu juicio, los clásicos dominicanos?
No hay respuesta porque la pregunta carece de sentido, como habría dicho Popper. Pero yo no poseo una lógica tan contundente y te diré en cambio que una obra o un autor, para ser clásicos, no dependen para nada de mi juicio, sino que esta categoría será determinada por el tiempo. La historia impone algunos nombres, y en honor a esto hemos ido publicando en la Editora Nacional una colección de Poesía Esencial Dominicana, lo cual indica lo que pensamos al respecto.
Sucede que nuestra tradición literaria es muy corta y por eso algunos autores considerados inamovibles entran todavía en debates de valor. En el fondo lo que creo es que uno puede, además, crear sus propios clásicos. Especialmente si, como en mi caso, uno se ve más como lector que como escritor. El problema es que me considero un lector caníbal y caótico, heterodoxo, anarquista, desigual y, sobre todo, hedónico. Mi desatino (o tal vez mi diana) es registrar cada lectura como poesía, o, mejor dicho, exprimir los zumos poéticos de un texto cualquiera. Recuerdo haber leído en los 80 el Tractatus Lógico-Philosophicus como si se tratara de lírica con traje racional y a Ada o el ardor (de Nabokov) como un poema en 400 páginas. Así leo la Biblia, el Diccionario de la Real Academia Española y las policiales de los diarios, y en todos y en cada uno descubro un río de poesía, esa sustancia insoslayable que se filtra sola ante cualquier descuido del lector. También suelo conspirar con el lenguaje de la filmografía. Soy un maldito lector con desperfectos y ello produce, creo, mi “insuficiencia” (citando a Octavio Armand) para calificar una lectura, y también como escritor.
En estos momentos tengo de cabecera una Guía del Tiempo Meteorológico y un Tratado de Psicofarmacología; Homero, Petrarca y Herrera y Reissig. Pero mi última seducción es esa gran poeta brasileña que no escribió poemas: Clarice Lispector.
¿Puede el arte de la escritura coadyuvar al mejoramiento de la sociedad? ¿cómo?
Puede que sí, aunque es de ilusos creer que la escritura logre cambiar al mundo por sí sola. Apenas resiste con sus metamorfosis propias. Tampoco creo que sea ese el objeto intencional de un escritor. No nos quedan utopías, recordemos; apenas contamos, para intentar una cosecha, con el individuo, hasta evitar que se disipe en la contundente actualidad de universos virtuales, la simultaneidad del hecho histórico y su información: impedir la abolición de la persona en el ámbito de la uniformidad.
¿Cómo? Los sociólogos lo podrían explicar mejor que yo, pero es visible y mensurable, en los barrios marginales, por ejemplo, la acción beneficiosa de la cultura y los deportes para contrarrestar las oscuras fuerzas delincuenciales y violentas. Claro que la escritura no sirve para nada si no se lee, y ese es el reto: alimentar el hábito, crear lectores.
Hay crisis de muchas cosas en nuestra actualidad, aunque mejor la crisis (de la que siempre brota un rango de posibilidades) que la muerte (que es estéril). También hay crisis del imaginario, la que los norteamericanos, tan tremendistas siempre, tratan de resolver imponiendo compartimientos estancos: literatura chicana, literatura femenina, literatura queer, y demás barbaridades.
Haroldo de Campos también estableció mejor que nadie la crisis de la poesía en su ensayo “Poesía y modernidad: de la muerte del arte a la constelación”. Cuando Noigandres, en su radicalidad, asumía la significación del espacio gráfico e inventaba su planeta “verbivocovisual”, daba cuerpo teórico a la trascendencia de una utopía (que la hubo también en la poesía: ahí nos queda Neruda con su Canto General como insistencia, un libro tan mal leído por Harold Bloom). El propio Haroldo, nuestro demiurgo, continuó con la torsión verbal, la intertextualidad de las “galaxias” su crítica masiva y, ahora que murió, sigue más vivo que nunca en su legado.
Según entiendo, el único mesianismo que admite la poesía postutópica es el del caos de los lenguajes, que, contaminándose entre sí, habrán de fraguar otros. “Procedimiento más”, continuando con Haroldo.
El poeta representa hoy día, más que el escritor de otros géneros, la necesaria resistencia: es como una reserva de lumbre espiritual que no engulló la economía.
Háblanos de Mosaico Fluido, tu más reciente libro publicado
Su título proviene de las ciencias biológicas. Es un término muy en boga en esos ambientes de laboratorio, y sospecho que pasará al dominio del vulgo muy pronto, como ha sucedido con muchos otros vocablos especializados. Básicamente, mosaico fluido es la definición aplicada a la célula. Esta mínima unidad de vida es, en realidad, un compuesto de varios elementos químicos, agrupados por una membrana. Como se trata de un compuesto diverso, es un mosaico. Y como está en perpetuo movimiento vital, pues es fluido. ¿Cuál es la relación con mi libro? Se trata de un poema sobre el mar, o de sucesos que ocurren al yo poético en torno al mar, al costado de su dama y con las córneas dilatadas, registrando. El mar es para mí una gran célula de contenido vivo y de fluidez. Extrañamente observo que los poetas caribeños de otras lenguas escriben bastante sobre el mar, y nosotros casi no. Circunstancialmente, Mosaico Fluido obtuvo el Premio Nacional de Poesía Emilio Proud'Homme en 2005.
¿Quién es León Félix Batista?
¡Eso quisiera yo saber! Quien lo conozca que me informe, por favor, o mejor que se lo calle. Este querer/no-querer saber me ha puesto desde un tiempo a esta parte a pensar que debo escribir ya una autobiografía parcial o una especie de memorias menores, hasta los 40 años de edad, que titularía gustosamente “biografía de un anfibio”, de modo que, para saber quién soy bastaría conocer las características que definen a un anfibio: respirar de dos maneras diferentes, vivir en tierra o agua indistintamente, transmutar radicalmente durante el desarrollo.
León Félix Batista es quien lo ve.“Ser es ser visto”, dijo Nietzsche. Para mis hijos soy Papi; para mi madre el-niño-más-hermoso-de-la-tierra; para mis alumnos soy el Profe; para los colectores de impuestos soy un provechoso proveedor; para León Félix Batista padre soy junior; el primogénito; para la iglesia un descarriado; para mis vecinos un tipo raro y para mis enemigos el mismísimo demonio. En verdad, hubiera preferido ser León David, León Battista Alberti, el León de Judá o León Tolstoi o Troksky…
Para ampliar mi perfil ante el público (ya que aparezco en diccionarios de escritores y en muchísimas antologías), daré pronto a la luz mi Ridiculum Vitae.
Periódico Hoy, agosto 26 2006
Infinitos problemas del escritor dominicano 10:53 PM
POR LEÓN DAVID
¿Qué puedes decirme de la labor que llevas a cabo al frente de la Editora Nacional?
Desde el principio vimos que la Editora precisaba de un sismo radical en sus conceptos editoriales y de proyección hacia el lector, por eso arrancamos con la creación de nuevas colecciones, en rediseño completo de sus formatos y logos, de manera que esto nos permitiera que las publicaciones se concentren en los sectores que las precisen (jóvenes inéditos, talleres literarios, etc.) o que se dirigieran, en su defecto, hacia el cumplimiento de necesidades editoriales de nuestra cultura literaria y pensamiento, como reediciones de textos inhallables o la impresión de clásicos para venta a precios populares.
En ese sentido, ya editamos 15 libros en las colecciones, 19 en coediciones, y 6 están en imprenta. Vamos también camino a convertirnos, paso a paso, en la maquinaria editorial de todas las instancias de Cultura, al menos en el aspecto de la diagramación, composición y diseño de impresos y como muestra está la revista de la Secretaría de Cultura, “País Cultural”, circulando desde junio.
Hay, además, una serie de programas al margen que se están implementando. Por ejemplo, para el futuro próximo pretendemos organizar un congreso o conversatorios con editoras independientes del país, de manera que podamos conocer cuáles son sus necesidades y contribuir a que las podamos superar juntos. También diseñamos y diagramamos gratuitamente los boletines y revistas de cualquier taller literario que nos lo solicite. Así mismo, montamos programas de donaciones constantes a las bibliotecas públicas de toda la nación (incluyendo las de las cárceles), bajo los criterios del Plan Nacional de Lectura y en conjunto con la Dirección General del Libro y la Lectura.
¿Cuáles son los problemas que enfrenta el escritor dominicano para publicar y difundir sus libros?
Infinitos problemas, de las índoles más dispares. Ha corrido ya bastante tinta sobre la ausencia de casas editoras en nuestro suelo, y la corriente de tinta continúa fluyendo pese a que ya se han instalado algunos de estos monstruos aquí. ¿Por qué? Puede que porque aún dan sus primeros pasos y precisan afianzarse, lo cual toma tiempo. Puede que sea porque los autores no se conforman con ver sus nombres en un sello de prestigio internacional si comoquiera el libro no trasciende nuestras fronteras. Puede que sea porque la tendencia está concentrada en la narrativa (que es la reina del mercado) y vivimos en un país de poetas. ¡Qué sé yo! En cuanto a la distribución, pues tinta del mismo río. A veces nuestros escritores encuentran la panacea de los concursos literarios y así resuelven la primera fase: se imprime el libro. Pero viene el derrumbe de la distribución del mismo, porque se queda en los almacenes. Yo he sido una víctima constante de esta situación: cuatro de mis cinco libros de poesía han recibido premios y por eso soy una especie de fantasma, no estoy en ninguna librería. Me consuela pensar que soy por ello un autor de culto, pero la verdad es que soy un autor oculto. Y, como editor, constantemente lucho para cambiar esta realidad de los problemas del eje publicación-distribución.
Eres poeta…¿qué significa para ti la poesía?
Esa es LA PREGUNTA, en mayúsculas, porque fíjate que a lo largo de mi corta trayectoria de escritura no he pensado igual sobre el fenómeno día sobre otro. Exilios, amores, lecturas, crisis existenciales y hasta alteraciones de salud sacuden mi criterio de vez en cuando. Te puedo repetir algunas cosas que ya he dicho. Por ejemplo, que no puedo asegurar que lo que escribo sean “poemas”, si la referencia es al hecho cerrado, al constructo nucleado a que remite este concepto en ciertas preceptivas. Prefiero identificar la noción de poiesis más allá de las márgenes que permite un “poema”, pues descreo de él como objeto prosódico cerrado: existe el texto (y punto) y mi proyecto es construirlo como calidoscopio: de los entrecruzamientos de géneros a las alusiones y enunciados de la realidad en bruto, de las letras puras a las mazmorras de la autobiografía. Ni fondos ni formas sacros. Absoluta heterodoxia. Además, mi verdadero interés no está en escribir “poemarios”, pretensión apabullante, sino mosaicos de canciones, listados de posibles posturas sexuales, catálogos de ropa íntima, bestiarios personales, folletos propedéuticos, etc. La poesía viene en todas las envolturas, sólo intento destaparla.
“El otro” (que en el caso del artista es el crítico), no sabe qué decir y ha escrito indistintamente que soy hermético, ochentista, difícil, simplísimo, complejo, descriptivo, oscuro…neobarroco, que es lo que más se dice. ¿Estoy de acuerdo? ¿Importa que lo esté? No sé si encajo en la Generación 80, pese a que publiqué mi primer libro en esa época y sudé poesía en el Taller Literario César Vallejo, porque no me interesan sus preceptos estéticos ni sus grandes temas. Tampoco sé si mi escritura es neobarroca o no, nunca la he concebido como tal, pero creo entender que, precisamente, si algo no es lo neobarroco es canon, del que aquel se escabulle por el núcleo de su definición, y de ahí su seducción y virtud de camuflaje. Lo barroco es un impulso, corriente linfática fácilmente registrable a lo largo de la historia del arte, de la historia del Hombre. Fue Sarduy quien propuso con claridad un “momento neobarroco”, que se propaga hoy por toda la América de lengua lusa y española, y que fue más afincado aún por Haroldo de Campos en su ensayo O secuestro do barroco na formaçao da literatura brasileira. Cuando luego Néstor Perlongher lo bautiza “neobarroso” pretendía, indudablemente, ir más allá de la referencia al barro de los fondos del Río de la Plata, y también quiso decir neoresbaloso: la elusividad, inasibilidad, pero a la vez submarinismo, una pesca de alta mar que se realiza con las redes de la intertextualidad y la interespacialidad, con anécdota y coloquialismo, descripción y referencia, polifonías y paronomasias. Su abanico es tan amplio que involucra a poetas como el uruguayo Eduardo Espina quien, más que neobarroco, se autoproclama “neorococó”.
El neobarroco es un momentum que está produciendo la escritura más significativa en este hemisferio. Y si me incluyen en sus antologías, editoriales y revistas, pues ¡let it be!
¿Qué opinas de la literatura dominicana contemporánea?
Está bastante sana, creo, especialmente su poesía. Aunque no son tantos los nombres importantes como permanentemente infla la farándula local, sino que tal salud hay que adjudicársela más bien a movimientos, tendencias, olas, magnetismos. Tenemos la dicha de contar con un cuadrilátero masivo, en el que contienden varias generaciones a la vez: cuarentiochistas, sesentistas, ochentistas, etc., en poesía. Los narradores, por su lado, manejan su oficio cada vez mejor, y están siendo premiados, difundidos, estudiados. La dramaturgia y la literatura infantil crecen y, poca gente se da cuenta, pero en otra faceta de escritura (ya no ficcional), en el ensayo, en la exposición de ideas, se multiplican los exponentes de gran categoría y lucidez. Tenemos hasta escritores en otras lenguas, siempre y cuando uno considere escritores dominicanos a Julia Alvarez, Junot Díaz, etc.
Y ¿cuáles son, a tu juicio, los clásicos dominicanos?
No hay respuesta porque la pregunta carece de sentido, como habría dicho Popper. Pero yo no poseo una lógica tan contundente y te diré en cambio que una obra o un autor, para ser clásicos, no dependen para nada de mi juicio, sino que esta categoría será determinada por el tiempo. La historia impone algunos nombres, y en honor a esto hemos ido publicando en la Editora Nacional una colección de Poesía Esencial Dominicana, lo cual indica lo que pensamos al respecto.
Sucede que nuestra tradición literaria es muy corta y por eso algunos autores considerados inamovibles entran todavía en debates de valor. En el fondo lo que creo es que uno puede, además, crear sus propios clásicos. Especialmente si, como en mi caso, uno se ve más como lector que como escritor. El problema es que me considero un lector caníbal y caótico, heterodoxo, anarquista, desigual y, sobre todo, hedónico. Mi desatino (o tal vez mi diana) es registrar cada lectura como poesía, o, mejor dicho, exprimir los zumos poéticos de un texto cualquiera. Recuerdo haber leído en los 80 el Tractatus Lógico-Philosophicus como si se tratara de lírica con traje racional y a Ada o el ardor (de Nabokov) como un poema en 400 páginas. Así leo la Biblia, el Diccionario de la Real Academia Española y las policiales de los diarios, y en todos y en cada uno descubro un río de poesía, esa sustancia insoslayable que se filtra sola ante cualquier descuido del lector. También suelo conspirar con el lenguaje de la filmografía. Soy un maldito lector con desperfectos y ello produce, creo, mi “insuficiencia” (citando a Octavio Armand) para calificar una lectura, y también como escritor.
En estos momentos tengo de cabecera una Guía del Tiempo Meteorológico y un Tratado de Psicofarmacología; Homero, Petrarca y Herrera y Reissig. Pero mi última seducción es esa gran poeta brasileña que no escribió poemas: Clarice Lispector.
¿Puede el arte de la escritura coadyuvar al mejoramiento de la sociedad? ¿cómo?
Puede que sí, aunque es de ilusos creer que la escritura logre cambiar al mundo por sí sola. Apenas resiste con sus metamorfosis propias. Tampoco creo que sea ese el objeto intencional de un escritor. No nos quedan utopías, recordemos; apenas contamos, para intentar una cosecha, con el individuo, hasta evitar que se disipe en la contundente actualidad de universos virtuales, la simultaneidad del hecho histórico y su información: impedir la abolición de la persona en el ámbito de la uniformidad.
¿Cómo? Los sociólogos lo podrían explicar mejor que yo, pero es visible y mensurable, en los barrios marginales, por ejemplo, la acción beneficiosa de la cultura y los deportes para contrarrestar las oscuras fuerzas delincuenciales y violentas. Claro que la escritura no sirve para nada si no se lee, y ese es el reto: alimentar el hábito, crear lectores.
Hay crisis de muchas cosas en nuestra actualidad, aunque mejor la crisis (de la que siempre brota un rango de posibilidades) que la muerte (que es estéril). También hay crisis del imaginario, la que los norteamericanos, tan tremendistas siempre, tratan de resolver imponiendo compartimientos estancos: literatura chicana, literatura femenina, literatura queer, y demás barbaridades.
Haroldo de Campos también estableció mejor que nadie la crisis de la poesía en su ensayo “Poesía y modernidad: de la muerte del arte a la constelación”. Cuando Noigandres, en su radicalidad, asumía la significación del espacio gráfico e inventaba su planeta “verbivocovisual”, daba cuerpo teórico a la trascendencia de una utopía (que la hubo también en la poesía: ahí nos queda Neruda con su Canto General como insistencia, un libro tan mal leído por Harold Bloom). El propio Haroldo, nuestro demiurgo, continuó con la torsión verbal, la intertextualidad de las “galaxias” su crítica masiva y, ahora que murió, sigue más vivo que nunca en su legado.
Según entiendo, el único mesianismo que admite la poesía postutópica es el del caos de los lenguajes, que, contaminándose entre sí, habrán de fraguar otros. “Procedimiento más”, continuando con Haroldo.
El poeta representa hoy día, más que el escritor de otros géneros, la necesaria resistencia: es como una reserva de lumbre espiritual que no engulló la economía.
Háblanos de Mosaico Fluido, tu más reciente libro publicado
Su título proviene de las ciencias biológicas. Es un término muy en boga en esos ambientes de laboratorio, y sospecho que pasará al dominio del vulgo muy pronto, como ha sucedido con muchos otros vocablos especializados. Básicamente, mosaico fluido es la definición aplicada a la célula. Esta mínima unidad de vida es, en realidad, un compuesto de varios elementos químicos, agrupados por una membrana. Como se trata de un compuesto diverso, es un mosaico. Y como está en perpetuo movimiento vital, pues es fluido. ¿Cuál es la relación con mi libro? Se trata de un poema sobre el mar, o de sucesos que ocurren al yo poético en torno al mar, al costado de su dama y con las córneas dilatadas, registrando. El mar es para mí una gran célula de contenido vivo y de fluidez. Extrañamente observo que los poetas caribeños de otras lenguas escriben bastante sobre el mar, y nosotros casi no. Circunstancialmente, Mosaico Fluido obtuvo el Premio Nacional de Poesía Emilio Proud'Homme en 2005.
¿Quién es León Félix Batista?
¡Eso quisiera yo saber! Quien lo conozca que me informe, por favor, o mejor que se lo calle. Este querer/no-querer saber me ha puesto desde un tiempo a esta parte a pensar que debo escribir ya una autobiografía parcial o una especie de memorias menores, hasta los 40 años de edad, que titularía gustosamente “biografía de un anfibio”, de modo que, para saber quién soy bastaría conocer las características que definen a un anfibio: respirar de dos maneras diferentes, vivir en tierra o agua indistintamente, transmutar radicalmente durante el desarrollo.
León Félix Batista es quien lo ve.“Ser es ser visto”, dijo Nietzsche. Para mis hijos soy Papi; para mi madre el-niño-más-hermoso-de-la-tierra; para mis alumnos soy el Profe; para los colectores de impuestos soy un provechoso proveedor; para León Félix Batista padre soy junior; el primogénito; para la iglesia un descarriado; para mis vecinos un tipo raro y para mis enemigos el mismísimo demonio. En verdad, hubiera preferido ser León David, León Battista Alberti, el León de Judá o León Tolstoi o Troksky…
Para ampliar mi perfil ante el público (ya que aparezco en diccionarios de escritores y en muchísimas antologías), daré pronto a la luz mi Ridiculum Vitae.
domingo, julio 30, 2006
Obra póstuma del poeta Carlos Rodríguez
LIBRO
Obra póstuma del poeta Carlos Rodríguez
Néstor E. Rodríguez/Para Clave Digital
SANTO DOMIGO, D.N.- Con la publicación de 'El West End Bar y otros poemas y Volutas de invierno', de Carlos Rodríguez, la Dirección General de la Feria del Libro da un importante paso hacia la difusión de una de las voces más singulares de la poesía dominicana.
La obra de Carlos Rodríguez hay que ubicarla siempre en el lugar más distante concebible con respecto a las tendencias escriturales de su tiempo. Ajeno a las modas estéticas, Rodríguez conforma un universo textual marcado por la constante tensión entre lo que el poeta ve del mundo y lo que éste le devuelve a través de las formas más insólitas de la percepción.
En el "preludio” de este cuidado volumen, León Félix Batista destaca de Rodríguez su empeño por “otorgar el privilegio de profunda relevancia a los hechos cotidianos”. Puede que sea ése el matiz que mejor emblematiza el decir de este brillante autor desaparecido a destiempo en Nueva York. La poesía de Rodríguez se decanta específicamente por la lectura irónica de la banalidad urbana. Uno de los efectos de esta operación parecería ser la construcción de una imagen precisa del poeta como cronista de las prácticas de la vida cotidiana en la maraña de la ciudad. En un espacio literario como el dominicano, en donde prima la marca de una poesía fácil, embaucadora y sensiblera, ¿se le puede pedir más a un poeta?
Lo que asesina al limpio
Lo que asesina al limpio,
al pretendidamente limpio con solapas grandes
no es la cámara de gas del homicida.
Lo que tumba no es el viento sucio
que sopló en la tarde (o),
la novedad de un paso desplazándose en la cuerda.
Lo que asalta y enloquece verdaderamente,
es la línea sola del equilibrista,
su lugar-desprevención (carrera a solas) o lo que es
la metafísica y lo opuesto.
La ciudad en lo alto señala el rumbo en los relojes.
En la tarde grande (auténtica)
vístase el poeta.
En esa misma habitación se descompone,
se horroriza.
Obra póstuma del poeta Carlos Rodríguez
Néstor E. Rodríguez/Para Clave Digital
SANTO DOMIGO, D.N.- Con la publicación de 'El West End Bar y otros poemas y Volutas de invierno', de Carlos Rodríguez, la Dirección General de la Feria del Libro da un importante paso hacia la difusión de una de las voces más singulares de la poesía dominicana.
La obra de Carlos Rodríguez hay que ubicarla siempre en el lugar más distante concebible con respecto a las tendencias escriturales de su tiempo. Ajeno a las modas estéticas, Rodríguez conforma un universo textual marcado por la constante tensión entre lo que el poeta ve del mundo y lo que éste le devuelve a través de las formas más insólitas de la percepción.
En el "preludio” de este cuidado volumen, León Félix Batista destaca de Rodríguez su empeño por “otorgar el privilegio de profunda relevancia a los hechos cotidianos”. Puede que sea ése el matiz que mejor emblematiza el decir de este brillante autor desaparecido a destiempo en Nueva York. La poesía de Rodríguez se decanta específicamente por la lectura irónica de la banalidad urbana. Uno de los efectos de esta operación parecería ser la construcción de una imagen precisa del poeta como cronista de las prácticas de la vida cotidiana en la maraña de la ciudad. En un espacio literario como el dominicano, en donde prima la marca de una poesía fácil, embaucadora y sensiblera, ¿se le puede pedir más a un poeta?
Lo que asesina al limpio
Lo que asesina al limpio,
al pretendidamente limpio con solapas grandes
no es la cámara de gas del homicida.
Lo que tumba no es el viento sucio
que sopló en la tarde (o),
la novedad de un paso desplazándose en la cuerda.
Lo que asalta y enloquece verdaderamente,
es la línea sola del equilibrista,
su lugar-desprevención (carrera a solas) o lo que es
la metafísica y lo opuesto.
La ciudad en lo alto señala el rumbo en los relojes.
En la tarde grande (auténtica)
vístase el poeta.
En esa misma habitación se descompone,
se horroriza.
Augurio espectral en Osiris Vallejo
VENTANA / Qué leer. LISTIN DIARIO 7-30-06
Augurio espectral en Osiris Vallejo
IBETH GUZMAN
Serpenteándose por los surcos de la premonición, el escritor dominicano Osiris Vallejo saca a la luz pública el poemario “Saint Domingue, 2044”, texto que le hiciera merecedor del Premio “Letras de Ultramar” (2005) en el renglón de poesía, el cual fue publicado por la Secretaría de Estado de Cultura, a través de la Editora Nacional y presentado en la recién finalizada IX Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.
En estos versos se nos presenta un autor situado en una proximidad temporal relativamente cercana, desde donde nos refleja un contexto plagado de ignonimia y tiznado de un vacío ideológico cosechado de la inercia sociocultural en la que nos siembra la prescripción, ineficaz, de modelos políticoeconómicos arbitrarios a nuestra idiosincrasia.
En estos poemas se percibe, a temprana lectura, un bisustantivación que procura reflejar dos aspectos primarios y definitorios de la poesía de Vallejo: la otredad borgiana, desdoblamiento psíquico del yo en el efecto espejo, y la duplicidad de una opción unívoca.
Existe, como un elemento recurrente en la poética de Osiris, una tendencia innata, perceptible en una lectura minuciosa, a la nulidad; asida, por correspondencia intrínseca, a unos rasgos de despersonificación observables en versos del tipo: “Quién serás tú, cuando ya no seas tú”, de los cuales abundan en la conformación íntegra del libro, y en los que pernocta un temor a la inexistencia, al quebranto de la identidad y a la desolación. Siendo así, el fenómeno de la pérdida del conjunto de caracteres que distinguen a una persona del resto de sus semejantes trae consigo, por vía de consecuencia, el sentimiento que emerge de la frontera entre la nostalgia y el desasosiego: la apatria, esa sensación de no pertenecer a ninguna parte que se edifica a través de la castración de la estirpe simbólica y material de una nación. Este artilugio humano alcanza su punto de distensión en la abolición y desmembramiento de la constitucionalidad. Es pertinente sacar a colación el punto geográfico donde se ubica el poeta, justo en el medio de la isla, que ya está dividida equitativamente, según las palabras del autor.
Augurio espectral en Osiris Vallejo
IBETH GUZMAN
Serpenteándose por los surcos de la premonición, el escritor dominicano Osiris Vallejo saca a la luz pública el poemario “Saint Domingue, 2044”, texto que le hiciera merecedor del Premio “Letras de Ultramar” (2005) en el renglón de poesía, el cual fue publicado por la Secretaría de Estado de Cultura, a través de la Editora Nacional y presentado en la recién finalizada IX Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.
En estos versos se nos presenta un autor situado en una proximidad temporal relativamente cercana, desde donde nos refleja un contexto plagado de ignonimia y tiznado de un vacío ideológico cosechado de la inercia sociocultural en la que nos siembra la prescripción, ineficaz, de modelos políticoeconómicos arbitrarios a nuestra idiosincrasia.
En estos poemas se percibe, a temprana lectura, un bisustantivación que procura reflejar dos aspectos primarios y definitorios de la poesía de Vallejo: la otredad borgiana, desdoblamiento psíquico del yo en el efecto espejo, y la duplicidad de una opción unívoca.
Existe, como un elemento recurrente en la poética de Osiris, una tendencia innata, perceptible en una lectura minuciosa, a la nulidad; asida, por correspondencia intrínseca, a unos rasgos de despersonificación observables en versos del tipo: “Quién serás tú, cuando ya no seas tú”, de los cuales abundan en la conformación íntegra del libro, y en los que pernocta un temor a la inexistencia, al quebranto de la identidad y a la desolación. Siendo así, el fenómeno de la pérdida del conjunto de caracteres que distinguen a una persona del resto de sus semejantes trae consigo, por vía de consecuencia, el sentimiento que emerge de la frontera entre la nostalgia y el desasosiego: la apatria, esa sensación de no pertenecer a ninguna parte que se edifica a través de la castración de la estirpe simbólica y material de una nación. Este artilugio humano alcanza su punto de distensión en la abolición y desmembramiento de la constitucionalidad. Es pertinente sacar a colación el punto geográfico donde se ubica el poeta, justo en el medio de la isla, que ya está dividida equitativamente, según las palabras del autor.
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